Pasaron unos minutos y comenzó
el sismo cuando yo estaba durmiendo, me desperté, me paré en el dintel de la
habitación, inclusive dije, de repente en algo voy aliviar que se caiga esta
casa, puse los hombros y quería sostenerla para que no se caiga, en ese momento
escuché la voz de la dueña de casa, que era tía de mi esposa, anunciando que a
su hermano el cantor le había caído una pared de la parte posterior, siguieron
gritando en el primer piso, al padre Mosquera le había tapado unas maderas
también; y en ese momento se presentó mi sobrino Fernando y por la ventana
diciéndome ¿Tío estas bien? Sí, le dije, ¿Y tu Tía? Están abajo en el primer
piso. Ellos habían querido escaparse para salir al Jr. Sucre y cinco personas
se salvaron en un metro cuadrado antes de salir, porque si salían la casa de
los Infante los hubiera machucado, en ese lugar se salvaron y a la muchacha que
teníamos, un adobe le había partido el pie en dos y con todo eso mi señora sube
descalza pidiéndome sus zapatos, yo he buscado, pero estaba tan aturdido y el
polvo era tan espeso que agarré un par de zapatos y le di,recién me di cuenta
que eran míos cuando me lo dijo, entonces ella misma los buscó hasta encontrarlos
y se los puso.
Abajo la tía empezó a gritar “salven a tu tío, salven a tu tío”,
entonces mi sobrino y yo hemos bajado al Jr. Sucre que era un zaguán inmenso,
entonces hemos agarrado una viga y con eso hemos golpeado varias veces hasta
que lo hemos logrado abrir, instante en que el polvo salió pero como si saliera
de un volcán, hemos penetrado y hemos encontrado al padre Mosquera con palos
hasta la altura del cuello, hemos penado al sacar toda la madera y cuando ha
estado hasta la altura, más o menos, de la rodilla se presenta un sobrino de la
tía y le dice “tía, Huaraz no hay”, entonces es cuando recién reaccioné y dije
“¿Qué, Huaraz no hay?” y me pregunté por mi familia, mis hermanos. Y cuando
salimos de allí los escombros eran inmensos, salimos por el Jr. Buenos Aires,
encontramos a la familia Olaza, al profesor Jordan, en el puquio de Casa Santa.
Cuál sería mi sorpresa que mi hermana bajaba empapada en llanto porque su
esposo y su hijita menor Pilarcita, habían muerto, ya lo habían sacado
inclusive los vecinos; teníamos una vecina que se llamaba Dolora, sacó un cirio
pero totalmente roto y dijo “vamos estar velando con esto” y lo pusimos, y lo
prendimos. En momentos cuando ya estaba más tranquilo y el polvo seguía en todo el
ambiente, la gente bajaba de Pedregal: “agua por favor agua”, entonces a mi
sobrino le digo “Oye Fernando, aquí hay una manguera con la que riega tu tía su
jardín, agarra de un extremo con un tazón y yo voy a soplar del otro lado para
ver si hay agua” y, en efecto, casi lo llena el tazón, a todos los que pasaban
y a toda mi familia les dimos una bocadita de agua, calmando con eso esa
tremenda sed que teníamos.
| FUENTE: Terremotos en la historia del Perú |
